El Gigabyte G25F2 reúne un IPS 1080p de 200 Hz y una peana regulable en un monitor económico. Su mayor fortaleza está en la respuesta, especialmente al seleccionar un overdrive adecuado para la frecuencia utilizada.
El acabado mate, las fugas de luz de la unidad y el recorte del modo sRGB son los compromisos más visibles. También hay que distinguirlo del GS25F2, cuya peana cambia la comodidad de uso.
Embalaje, soporte y diferencias con el GS25F2
El empaquetado viene bastante correcto para el precio. Dentro encontramos:
- Cable HDMI
- Dos cables de alimentación, uno europeo y otro tipo Reino Unido
- Documentación
- Peana de muy buena calidad
Y aquí empieza una de las primeras sorpresas agradables del Gigabyte G25F2. La peana está fabricada completamente en aluminio, tanto la base como el brazo, y no da sensación de producto recortado de forma cutre. Para este rango de precio, está realmente bien.
Además, el soporte es regulable en altura, inclinación, giro y pivote. Se puede poner en vertical hacia un lado y también permite cierto giro sin tener que mover toda la base. Esto, en monitores tan baratos, no es precisamente habitual.
En conectividad, el monitor ofrece:
- 2 puertos HDMI
- 1 DisplayPort
- Salida para auriculares
Ojo porque existe una versión prácticamente idéntica, la GS25F2, que cambia sobre todo por la peana. Esa variante monta un stand no regulable. A nivel técnico, el comportamiento es casi el mismo, así que todo lo importante de imagen, color y rendimiento aplica prácticamente igual.
La diferencia de precio entre ambos modelos a veces es pequeña y otras veces bastante grande. Si la versión sin peana regulable cae mucho de precio, puede convertirse en una compra brutal. Si están casi empatados, compensa ir a por el modelo con mejor soporte.




Acabado y color en SDR
El Gigabyte G25F2 tiene un acabado mate bastante fuerte. Eso tiene una ventaja clara: controla muy bien los reflejos. La contrapartida es la habitual, porque ese tratamiento también frena un poco la viveza percibida de la imagen y de los colores.
No es algo dramático, pero sí se nota. Si priorizas jugar o trabajar en una habitación con bastante luz, te va a venir bien. Si eres de los que prefieren una imagen algo más “limpia” y vibrante, hay paneles con coating menos agresivo.
En el OSD hay varios modos de imagen configurables. Los más recomendables son Estándar y Custom, porque en esencia se parecen bastante y dejan margen para ajustar mejor el monitor. También aparece un modo sRGB, que luego tiene sentido comentar aparte porque cambia bastante el comportamiento del panel.
Cuando se empieza a toquetear la temperatura de color, se ve rápido que no todos los presets son igual de útiles:
- Normal: viene algo cálido de fábrica
- Natural: enfría bastante la imagen y además reduce brillo
- Usuario: es el que mejor base deja para calibrar grises, aunque con el rojo algo subido
La conclusión rápida aquí es sencilla: si quieres usar el monitor tal cual, mejor Estándar o Custom. Y si además piensas calibrarlo o apoyarte en un perfil ICC, la base más interesante está en el modo de usuario.
Entrando ya en cifras, el monitor alcanza un brillo máximo de unos 345 nits. No es una barbaridad, pero para un monitor gaming económico está perfectamente bien. De hecho, no queda corto para uso normal ni para jugar en una habitación iluminada.
El contraste se sitúa alrededor de 1120:1, una cifra bastante digna para tratarse de un panel IPS. No va a competir con un VA en negros profundos, pero tampoco está en el grupo de IPS flojos que se quedan con un contraste pobretón.
En color, la cosa sorprende positivamente. En modo estándar supera el 90% de cobertura DCI-P3, algo que en este precio está muy bien. Para contenido multimedia y para dar un plus de viveza en juegos, es un punto claramente a favor.
También se acerca al 90% de Adobe RGB, aunque aquí la precisión cae algo más. Esto entra dentro de lo esperable, porque la mayoría de monitores gaming baratos están mucho más orientados a DCI-P3 que a un uso serio sobre Adobe RGB.
El principal problema del monitor por defecto no es que tenga malos colores, al contrario, son muy vivos, pero sobresatura bastante si lo comparas con sRGB. Cubre aproximadamente un 97,3% de esa gama, pero el volumen es mayor, así que varios colores se van de más.
Eso significa que la imagen puede resultar atractiva y vistosa, sobre todo para jugar, pero no es la representación más fiel si buscas exactitud. Por eso existe el modo sRGB.
El problema es que este modo recorta demasiado la gama para mi gusto, quedándose en torno al 93%. Sí mejora la precisión de color y también deja una mejor temperatura de color y mejor seguimiento del gamma, pero lo hace con un recorte algo agresivo.
En resumen:
- Modo estándar/custom: más vistoso, pero con sobresaturación
- Modo sRGB: más preciso, pero demasiado recortado
Es el típico compromiso de muchos monitores gaming baratos. Ninguna de las dos opciones es perfecta, aunque ambas son utilizables dependiendo del uso principal.
Haciendo una calibración para DCI-P3 con ajustes personalizados de temperatura de color y un perfil ICC generado con sonda, el monitor mejora bastante. No obra milagros, porque si la gama no se cubre por completo no se puede inventar lo que no existe, pero sí deja una base más fina para multimedia y edición ligera.
Aun así, hay colores como el verde o el azul que siguen quedándose un pelín cortos en comparación con una pantalla más seria. Es importante entender que este tipo de perfil ICC está más orientado a consumo multimedia y trabajo de color casual que a gaming puro.

Uniformidad y límites del HDR
El Gigabyte G25F2 es compatible con HDR, pero conviene poner esto en su sitio: es un HDR muy básico. No hay aumento real de brillo al activarlo y la curva PQ EOTF no se sigue con la precisión necesaria para hablar de una experiencia HDR convincente.
Además, el contraste no da para representar bien la parte baja de la curva, así que se pierden detalles en sombras y luminancia. Vamos, lo normal en un monitor económico que no está pensado para consumir contenido HDR con garantías.
A su favor, al activar HDR no se produce una pérdida importante de color. La cobertura ronda el 67% en BT.2020 y alrededor del 91% en UHD DCI-P3, así que por lo menos no rompe por completo la paleta cromática.
En la unidad analizada sí se aprecian algunas fugas de luz bastante notables. Como siempre con IPS baratos, esto tiene parte de lotería. Puede tocar una unidad mejor o una peor.
La parte positiva es que el IPS glow no resulta tan agresivo como en otros modelos. Ese efecto blanquecino o grisáceo que aparece al mirar desde ángulos laterales está presente, claro, pero aquí no molesta tanto como en algunos rivales.
La uniformidad de brillo sí es bastante floja. En eso no sale especialmente bien parado. La uniformidad del color, en cambio, está mejor resuelta, y mejora incluso más si se trabaja alrededor del 50% de brillo.

200 Hz: escoger entre rapidez y overshoot
Pasando al terreno gaming de verdad, el Gigabyte G25F2 destaca muchísimo en tiempos de respuesta. Va a 200 Hz nativos, sin necesidad de overclock, y además ofrece varios modos de overdrive.
Los modos más interesantes son estos:
- Smart OD: unos 5,11 ms de tiempo de respuesta inicial
- Picture Quality: unos 5,68 ms, algo más lento pero con prácticamente nada de overshoot
- Balanced: unos 4,26 ms, el más rápido de los utilizables y el más equilibrado para jugar
El modo Balanced es el más interesante en general. Sí, mete algo más de overshoot, pero no se dispara y en práctica queda bastante bien. De hecho, en las pruebas tipo UFO apenas se aprecia algo preocupante.
Los modos que conviene evitar son:
- Off, porque mete más ghosting
- Speed, porque el overshoot ya se va demasiado


Picture Quality mantiene poco overshoot; Balance reduce el tiempo inicial pero introduce más sobrecorrección. Son dos opciones a la misma frecuencia de 200 Hz. Al bajar a 120 o 60 Hz conviene seguir los ajustes específicos indicados en la review.
El monitor incorpora un modo de reducción de desenfoque por movimiento, llamado Aim Stabilizer, que básicamente aplica backlight strobing. Esto mejora la claridad del movimiento, pero lo hace a costa de bajar brillo y de introducir los artefactos típicos de imagen doble, el llamado strobe crosstalk.
Solo hay un preset, no es configurable, y aunque no es de los mejores sistemas del mercado, tampoco está entre los peores. Se puede usar si te gusta este tipo de tecnología y priorizas nitidez en movimiento sobre brillo y naturalidad. Personalmente, sigue pareciendo más recomendable jugar sin estos modos en la mayoría de casos.
El input lag se mueve en cifras totalmente normales, así que por esa parte no hay ninguna preocupación.
En sincronización adaptativa viene bien servido. Tiene compatibilidad con FreeSync Premium y también se puede usar como G-Sync Compatible a través de DisplayPort, aunque ese cable no viene incluido y el modelo no esté certificado oficialmente por Nvidia.
Lo importante es que, en las pruebas realizadas, no dio problemas de flickering ni de tearing, así que en la práctica se puede usar sin dramas.

Uso en PS5 y altavoces
Si la idea es usar este monitor con PS5, la compatibilidad es bastante básica. Se puede configurar a 1080p y 120 Hz, pero hay varias limitaciones importantes:
- No se puede activar VRR
- No hay ALLM
- No ofrece supersampling
Además, el ajuste de overdrive cambia bastante según la frecuencia:
- A 120 Hz, mejor usar Picture Quality
- A 60 Hz, mejor desactivar el overdrive porque todos los modos meten demasiado overshoot
Como extra, el monitor monta dos altavoces de 2 W. Están ahí, que ya es más de lo que ofrecen otros modelos baratos, pero el sonido es flojito. Faltan graves, falta volumen y falta definición.
No sorprende demasiado porque los altavoces integrados de monitor rara vez destacan, pero conviene tener claro que son solo una solución de emergencia.
Conclusión frente a otros modelos económicos
Para poner al Gigabyte G25F2 en contexto, compararlo con otros monitores que han pasado por el mismo rango de precio es justo lo que marca si estamos ante una compra buena o simplemente resultona.
Y donde más destaca es en los tiempos de respuesta gray to gray. Ahí sale realmente muy bien parado. Los únicos modelos por encima son más caros y, además, de 300 Hz, así que juegan en otra liga.
Frente a otros monitores cercanos en precio, este es el mejor que se ha probado en respuesta. Eso, para un monitor sub 100 o poco más, es una carta de presentación muy seria.
En color también queda por encima de la media del segmento. Está muy cerca de opciones que ya eran buenas en este apartado. Hay modelos concretos que pueden quedar un poco por encima, pero la diferencia visual real es pequeña.
En brillo y contraste no lidera de forma absoluta, pero tampoco decepciona. Algunos monitores concretos lo superan en brillo, otros en contraste, y alguno incluso en ambas cosas. Aun así, el conjunto del Gigabyte G25F2 termina siendo más equilibrado porque compensa mejor en color, respuesta y extras.
Y ahí entra un punto muy importante: la peana regulable y el equipamiento general ayudan a que el producto se sienta más redondo que varias alternativas que, sobre el papel, podrían parecer similares.
El Gigabyte G25F2 no intenta ser un monitor premium disfrazado de ganga. Lo que hace es algo bastante más útil: clavar muy bien lo importante para jugar sin disparar el precio. Responde rápido, se ve bien, tiene un soporte sorprendentemente bueno en su versión completa y, dentro de sus límites, ofrece más de lo que se suele esperar en esta gama.
Si buscas un monitor gaming barato, rápido y equilibrado para PC, es una compra muy recomendable. No por marketing, sino porque por cifras y sensaciones generales cumple de verdad donde más importa.
Conclusión corta: si el objetivo es comprar un monitor de unos 100 euros y no meter la pata, el Gigabyte G25F2 es de las opciones más seguras que hay ahora mismo.

